domingo, 29 de enero de 2012
domingo, 22 de enero de 2012
HUMOR: la noble risa sobre nosotros mismo y CON el otro vs. el tinéllico abono del desprecio al diferente. Gonzalo Perera
Los Marx Brothers, Monthy Phyton, Les Luthiers, Landriscina, Alfredo Caseros, Ricardo Espalter y el Quique Almada, etc., ¿ qué pueden tener que ver?
El sentido del humor es quizás la cereza encima de la torta en la evolución humana. La misma que no ha sido capaz aún de desligarnos de instintos tan primarios como el de la posesión, control territorial, agresividad, etc., al menos nos dotó de una brisa de trascendencia. La capacidad de, por recurso al absurdo, a la ironía, a la exageración , etc., reírse DE UNO MISMO Y CON EL OTRO.
Ese es el sentido del humor que me gusta, al que siento avance civilizatorio, demostración clara de un mayor nivel de inteligencia y comprensión del entorno.
Reírse de uno mismo (uno persona, uno colectivo, uno sociedad, pero siempre desde la pertenencia y no desde la ajenidad ) y no del otro. Reírse con el otro, compartir a través de la eficacia de la sonrisa una visión de la scaracterísticas y espacios que nos son comunes, y no reírse a expensas del otro, sus debilidades, su defectos, sus miserias o sus desgracias.
En la década del 90, las pantallas del Río de la Plata se llenaron de Tinelli y derivados. Epocas de menematos y neoliberales, no casualmente. Y casi todo motivo de risa televisiva- y por ende buen aparte de la risa callejera- pasó a ser el otro. Sus defectos, sus errores o incluso sus diferencias. Recuerdo mirar atónito un sketch en un programa de Tinelli en que la supuesta gracia consistía en decirle a una persona de otro origen y que no hablaba castellano, malas palabras o expresiones agresivas o despectivas en castellano. Lo miré varias veces y nunca entendí donde estaba la gracia. Era tan evidente que de invertirse la escena y, por ejemplo, el japonés decir groserías en su idioma al notero rioplatense, el efecrto sería igula o mayor ¿Qué tiene de gracioso considerar estúpido al diferente? Más aún, y sin dramatizar, e sun ejercicio muy peligroso. Porque el reírse del diferente muchas veces no pasa de ahí, pero otras veces significa salvoconducto para despreciar al diferente y finalmente agredirlo materialmente. Dentro de la historia de la judeofobia y antisemitismo, varios autores han hecho acopio de abundante material de humor anti-judío en la Alemania de los 20´s y anti-árabe en la Francia de los 90´s. Yo no voy a cometer la atrocidad de adjudicar Treblinka y Auschwitz a un chiste, o el crecimiento de la ultraderecha francesa en la clase obrera y sectores tradicionalmente afines a la izquierda a algún otro chiste, pero nada es posible sin un entorno cultural. Hitler no se explica por una sola razón ni incidente, pero sin un determinado entorno cultural no habría sido posible. Y un excelente abono para los entornos culturales, para hacer cercer ciertas plantaciones y no otras, es el humor, los chistes, el mensaje implícito y explícto y sobre todo el ángulo y enfoque desde el cual se llega a la risa. Y cuando el enfoque es reírse desde el desprecio al diferente, la palabra "abono" adquiere su más cabal dimensión, a mi modo de ver. Porque la mierda que se siembra hace crecer los matorrales peligrosos del despercio al "otro" y la consecuente indiferencia a sus desgracias. Una vez más, insisto: ningún chiste ideó el Zyklon B, pero fueron necesraios muchos millones de ciudadanos mirando para el costado para que la maldita "solución final" se implantara en el Tercer Reich. Y entre una panoplia de sin- razones materiales, económicas, psico-sociales, históricas, no puede faltar a la cita de la comprensión de tantos millones de inteligentes miradas convenientemente distraídas la copiosa cosecha de la risa desde el odio, desde la juideofobia, para el caso.
Hace poco me llemó la atención y compartí en mi blog "Yo dejo el alcohol" un insólito video, supuestamente graciosísimo (y según dos queridas amigas más entendidas que yo, actuado, pero no viene al caso si el guión fue escrito pòr otra mano o simplemente por la vida misma), consistente en ver caerse una y mil veces, en un estado deplorable, a una persona mamada hasta las patas. Yo soy alcohólico en recuperación. No me siento ofendido por ese "chiste", realmente me importa un rábano. Pero conozco el guión desde el lado de la vivencia. Y de gracioso, no encuentro nada. Una mamúa circunstancial y la desinhibición que induce, puede ser graciosa, es evidente. Pero largos minutos de caída tras caída de una persona alcoholizada al límite de la tolerancia, parece más bien un ejercicio cuasi sádico de reírse de una desgracia y ridículo ajenos. Puedo estar equivocado en la apreciación particular del caso, peor no creo estarlo en la percepción de que hay demasiada confusión entre humor y burlarse de la mochila que cargue el otro, sea un enfermedad o debilidad o simplmente una diferencia completamente neutra pero que significa un hándicap en determinado contexto, como el visitante de otra cultura que no conoce el idioma local suficientemente.
Yo no creo que todo lo pasado fue mejor. Yo creo qu elo mejor, si ha de ser, vendrá en el futuro. Pero desde el pasado y el presente, en parte como merop entretenimiento compartido, pero también como minúscula contribución a recuperar el humor para la raza humana y volver a reírnos de nosotros mismos y con el otro, y no a expensas del otro, es que compartiré en el blog "SOLO POR HUMOR" algunos contenidos de los que a mí me parecen manifestaciones diversas de genuino humor, respetando otras subjetividades y sensibilidades, pero compartiendo la única que puedo compartir cabalmente: la mía.
Cuando Alfredo Casero en CHA-CHA-CHA hace el Batman porteño, no se está riendo de Batman, sino de su sociedad y su época, de sí mismo y está deslizando numerosas críticas (la colecta de pizza de la policía, por ejemplo) hacia la corrupción y los males que campeaban en la Argentina neoliberal, en SU sociedad y contexto.
El humor en primera persona del singular o del plural, como manifestación de inteligencia (comprensión) de nosotros y nuestros aconteceres , para gestar la risa sana, la ironía, el absurdo o el ridículo, pero sobre nuestra propia materia, carne y hueso y compartido con el otro, tendido al diferente buscando lo común y que nos hace iguialmente humanos en el marco de la gran diversidad, como la capacidad de sonreñir o largar una estruendosa carcajada.
El sentido del humor es quizás la cereza encima de la torta en la evolución humana. La misma que no ha sido capaz aún de desligarnos de instintos tan primarios como el de la posesión, control territorial, agresividad, etc., al menos nos dotó de una brisa de trascendencia. La capacidad de, por recurso al absurdo, a la ironía, a la exageración , etc., reírse DE UNO MISMO Y CON EL OTRO.
Ese es el sentido del humor que me gusta, al que siento avance civilizatorio, demostración clara de un mayor nivel de inteligencia y comprensión del entorno.
Reírse de uno mismo (uno persona, uno colectivo, uno sociedad, pero siempre desde la pertenencia y no desde la ajenidad ) y no del otro. Reírse con el otro, compartir a través de la eficacia de la sonrisa una visión de la scaracterísticas y espacios que nos son comunes, y no reírse a expensas del otro, sus debilidades, su defectos, sus miserias o sus desgracias.
En la década del 90, las pantallas del Río de la Plata se llenaron de Tinelli y derivados. Epocas de menematos y neoliberales, no casualmente. Y casi todo motivo de risa televisiva- y por ende buen aparte de la risa callejera- pasó a ser el otro. Sus defectos, sus errores o incluso sus diferencias. Recuerdo mirar atónito un sketch en un programa de Tinelli en que la supuesta gracia consistía en decirle a una persona de otro origen y que no hablaba castellano, malas palabras o expresiones agresivas o despectivas en castellano. Lo miré varias veces y nunca entendí donde estaba la gracia. Era tan evidente que de invertirse la escena y, por ejemplo, el japonés decir groserías en su idioma al notero rioplatense, el efecrto sería igula o mayor ¿Qué tiene de gracioso considerar estúpido al diferente? Más aún, y sin dramatizar, e sun ejercicio muy peligroso. Porque el reírse del diferente muchas veces no pasa de ahí, pero otras veces significa salvoconducto para despreciar al diferente y finalmente agredirlo materialmente. Dentro de la historia de la judeofobia y antisemitismo, varios autores han hecho acopio de abundante material de humor anti-judío en la Alemania de los 20´s y anti-árabe en la Francia de los 90´s. Yo no voy a cometer la atrocidad de adjudicar Treblinka y Auschwitz a un chiste, o el crecimiento de la ultraderecha francesa en la clase obrera y sectores tradicionalmente afines a la izquierda a algún otro chiste, pero nada es posible sin un entorno cultural. Hitler no se explica por una sola razón ni incidente, pero sin un determinado entorno cultural no habría sido posible. Y un excelente abono para los entornos culturales, para hacer cercer ciertas plantaciones y no otras, es el humor, los chistes, el mensaje implícito y explícto y sobre todo el ángulo y enfoque desde el cual se llega a la risa. Y cuando el enfoque es reírse desde el desprecio al diferente, la palabra "abono" adquiere su más cabal dimensión, a mi modo de ver. Porque la mierda que se siembra hace crecer los matorrales peligrosos del despercio al "otro" y la consecuente indiferencia a sus desgracias. Una vez más, insisto: ningún chiste ideó el Zyklon B, pero fueron necesraios muchos millones de ciudadanos mirando para el costado para que la maldita "solución final" se implantara en el Tercer Reich. Y entre una panoplia de sin- razones materiales, económicas, psico-sociales, históricas, no puede faltar a la cita de la comprensión de tantos millones de inteligentes miradas convenientemente distraídas la copiosa cosecha de la risa desde el odio, desde la juideofobia, para el caso.
Hace poco me llemó la atención y compartí en mi blog "Yo dejo el alcohol" un insólito video, supuestamente graciosísimo (y según dos queridas amigas más entendidas que yo, actuado, pero no viene al caso si el guión fue escrito pòr otra mano o simplemente por la vida misma), consistente en ver caerse una y mil veces, en un estado deplorable, a una persona mamada hasta las patas. Yo soy alcohólico en recuperación. No me siento ofendido por ese "chiste", realmente me importa un rábano. Pero conozco el guión desde el lado de la vivencia. Y de gracioso, no encuentro nada. Una mamúa circunstancial y la desinhibición que induce, puede ser graciosa, es evidente. Pero largos minutos de caída tras caída de una persona alcoholizada al límite de la tolerancia, parece más bien un ejercicio cuasi sádico de reírse de una desgracia y ridículo ajenos. Puedo estar equivocado en la apreciación particular del caso, peor no creo estarlo en la percepción de que hay demasiada confusión entre humor y burlarse de la mochila que cargue el otro, sea un enfermedad o debilidad o simplmente una diferencia completamente neutra pero que significa un hándicap en determinado contexto, como el visitante de otra cultura que no conoce el idioma local suficientemente.
Yo no creo que todo lo pasado fue mejor. Yo creo qu elo mejor, si ha de ser, vendrá en el futuro. Pero desde el pasado y el presente, en parte como merop entretenimiento compartido, pero también como minúscula contribución a recuperar el humor para la raza humana y volver a reírnos de nosotros mismos y con el otro, y no a expensas del otro, es que compartiré en el blog "SOLO POR HUMOR" algunos contenidos de los que a mí me parecen manifestaciones diversas de genuino humor, respetando otras subjetividades y sensibilidades, pero compartiendo la única que puedo compartir cabalmente: la mía.
Cuando Alfredo Casero en CHA-CHA-CHA hace el Batman porteño, no se está riendo de Batman, sino de su sociedad y su época, de sí mismo y está deslizando numerosas críticas (la colecta de pizza de la policía, por ejemplo) hacia la corrupción y los males que campeaban en la Argentina neoliberal, en SU sociedad y contexto.
El humor en primera persona del singular o del plural, como manifestación de inteligencia (comprensión) de nosotros y nuestros aconteceres , para gestar la risa sana, la ironía, el absurdo o el ridículo, pero sobre nuestra propia materia, carne y hueso y compartido con el otro, tendido al diferente buscando lo común y que nos hace iguialmente humanos en el marco de la gran diversidad, como la capacidad de sonreñir o largar una estruendosa carcajada.
viernes, 20 de enero de 2012
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